Salimos para cumplir nuestras obligaciones de miércoles… y comenzó una de esas charlas a la que podría haber respondido de mejor manera, más sabiamente, sabía que si decía las palabras correctas quizás podía animarla de por vida o al menos en el transcurso de su carrera.
La temática era que quien no tenía el “don” de dibujar bien, nunca iba a hacerlo como aquellos iluminados. Parece que una profesora le dijo que dibuje, sólo eso, “dibuja!” a dibujar no se aprende… tremenda sentencia para un recién iniciado. Era muy temprano para poder manifestar, procesar y bien decir en ese momento, todo lo que hago ahora luego del transcurso de todo el día miércoles.
Hasta dónde llegan las sentencias de quienes tenemos arriba y a quienes les suponemos un saber? Cómo sacar aquella idea, o palabras inscriptas de aquel lugar en el que alguien ubico y que nosotros reubicamos, y quedan ahí impregnadas, transformándose en verdades irrefutables de las que no podemos escapar. Cómo evitar que a mi hermana también le pasen estas cosas? Cómo extraer aquellas palabras y reubicarlas de manera que entienda que todo se aprende, que en todo uno puede mejorar y que su profesora deja mucho que desear en su función.
Sólo le contesté que podía hacer talleres y aprender, que conocía gente talentosa para el dibujo que seguía ejercitándose, y aprendiendo… pero no hubo caso, tenía las palabras atadas a una mala idea, que en parte le sentaba bien, y la dejaba tranquila, quieta, ahí, en su queja. Me resigné (fácilmente), continuo con una serie de cataratas de palabras más que pesimistas para una iniciada.

Hace dos horas antes de cenar, estaba chocha porque un dibujo le había salido lindo, se sentía conforme. No sé si las palabras de tamaña sentencia recibida de su profesora, pudieron desprenderse de su queja. Todavía no puede alejarse de la imposibilidad de aprender a dibujar, parece que le dijeron que no hay técnicas, sólo es cuestión de agarrar modelos e intentar copiarlos.
Sin embargo, yo hoy sentencio, hoy 3 de agosto de 2011, que mi hermana va a aprender a dibujar, que está lleno de técnicas para aprender a hacer lo que cada uno desee, que todo pasa por desear, y lo sentencio yo, que no sé dibujar pero que no intenté aprender a hacerlo, simplemente porque no lo deseo. Pero ella si, ella va a dibujar, y lo va a disfrutar, cuando también aprenda a desprenderse de las malas sentencias, cuando desarme palabras mal conjugadas, mal ordenadas, y cuando saque del podio a tantos otros, y decida ubicarse ella ahí, arriba, con sus palabras, seleccionadas por ella y dibujadas por ella con convicción.
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