martes, 4 de agosto de 2009

ni idea

Tengo ideas negligentes, subversivas, impacientes.
Ideas ansiosas y sentenciosas.

Ideas de mentir, de fingir, de llamar.
Ideas sin sentido, ideas saturantes.
Ideas maliciosas que enturban mis ideas.

Ideas repugnantes, obsenas, desobedientes.
Ideas desbordantes, alienantes.

Tengo ideas, muchas ideas…
Pero hoy, sólo tengo ideas sin idea.

jueves, 23 de abril de 2009

Lo que hay antes de que haya algo

Cuando Lucía era muy niña,
leyó una novela a escondidas/
Ella la había robado de la biblioteca
de cedro/
Mucho caminó Lucía después,
mientras pasaban los años.
En busca de fantasmas caminó.
Y en busca de gente caminó.
Mucho caminó Lucía/
Y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada
Por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces
Que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.

Lucía no ha vuelto a leer ese libro.
Ya no lo reconocería.
Tanto le ha crecido adentro que ahora es otro,
Ahora es suyo.

(Compilado por mi, pero de Eduardo Galeano)

historia de un mecanismo







viernes, 27 de febrero de 2009

Una canción, un perfume.
Melodías, y aromas múltiples guardados.
Llaves equivocadas en cerraduras oxidadas.

Palabras que llegan, gestos que no alcanzan
Recuerdos sin sentido, sentimientos filtrados.

jueves, 26 de febrero de 2009

martes, 24 de febrero de 2009

hermana

Loli: (abrazando a Lu) - Gracias Lu por no dormir la siesta y quedarte conmigo.
Lu: - De nada Lo!. (no puede ser más hermosa!).
… y se fueron a andar en bici …

miércoles, 11 de febrero de 2009

reloj contra el tiempo

Acá está lo que te prometí,
Espero te gusté, y quieras compartirlo conmigo.

Que tu retroceso cuente conmigo
Y recuerdes nuestra parte de tu historia.
Quizás parezca un regalo desubicado,
Sin fechas que festejar, ni aniversarios que cumplir.

Debo confesarte que lo usé antes de dártelo,
Y, sin querer, mi regresión llegó a vos.
A ese momento inesperado, a las fantasías de tu mundo imaginario,
A la espera de tus llamadas, y a tus respuestas indicadas…
Después apareció tu lado oscuro, que mejor ni mencionarlo.

En fin, acá está mi regalo, para que vuelvas y veas.
Quizás este reloj con sus agujas en contra de estos tiempos
Te ayude a darte cuenta cuanto perdiste.

miércoles, 4 de febrero de 2009

a esa hora y con la casa tomada

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (...) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos.

(...)

Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente. -No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
Julio Cortázar