viernes, 5 de octubre de 2007

Lluvioso día (llueve sobre mojado)

Te invito a correr, es una vuelta
Se puede largar a llover
Ponete esas zapatillas que no me gustan
Ya no me importa
Yo sólo quiero correr acompañada
Me gustaría hablar, pero sé que no vas a querer
Quizás en un momento te cuente a que me recuerda
Ese olor a barro mojado sobre el asfalto
Te sigo contando, a mi infancia, a un pueblo y a mi abuela
Se largó a llover, no importa sigamos
Nos queda media vuelta.
Si yo frenó porque veo que no llego, vos seguí
No me enojo (pero me gustaría que frenes conmigo).
Mientras corro no pienso otra cosa que no sea en vos
Y vos pensas en muchas cosas que no sé que son
Corre sobre el pasto, yo esquivo charcos acá en el asfalto.
Ahora sí, se acabó, yo freno
Que bueno que vos también, que lindo hubiese sido abrazarte.
Caminemos despacio aunque llueva mucho
Yo no quería correr, ni caminar
Sólo quería estar con vos.
Después me abrazaste, me dijiste algo lindo
Y seguimos caminando.
Pero no estabas conmigo, yo lo sentí, no sé como lo advertí
Y no me equivoqué. No estabas ahí.
Ahora te invitaría de nuevo, pero sería más sincera
Está vez te invito sólo a estar bajo la lluvia
Que se destiñan tus mentiras y tus tatuajes
Y estés conmigo.
Ponete tus zapatillas verdes, tu bincha y tu rodillera,
Esta vez te juego una carrera.

lunes, 1 de octubre de 2007

Lección de Optimismo

Ya véis que no soy un pesimista ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota ninguna: a mí no me ha derrotado nadie; y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista; porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que les sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el Enemigo para desalojarme a mí del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y aniquilar al adversario, obligándolo a recorrer distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera, y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño.
Y después el Enemigo no puede renovar su gente, por la fuerza o el interés, que no resisten mucho tiempo; y entonces, o se queda solo, o se pasa al Amor, y es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible.
Fragmento de “La Universidad y el alma argentina”, discurso pronunciado el 18 de setiembre de 1918 por Joaquín V. González.
(Gracias a Don Bicho por hacer llegar este fragmento a mis manos.. sigue en mi corcho para releerlo cuando me resulta necesario..)